No hace falta ser especialista para mirar bien. Hace falta saber dónde mirar, y tener el atrevimiento de dar vuelta el objeto delante del vendedor.

1. El pie

Lo primero, siempre. Se da vuelta la pieza.

El pie es lo único que casi nunca se decora, y por eso es lo más honesto de todo el objeto. Ahí se ve el cuerpo real del material sin esmalte, el color de la pasta, la textura del grano, cómo se cortó del torno.

Un pie prolijo, con el corte limpio y la superficie lijada, indica que quien la hizo se ocupó de la parte que nadie iba a ver. Un pie descuidado en una pieza cara es una señal de que el resto puede ser fachada.

2. El borde

Se recorre con el dedo, con los ojos cerrados si hace falta.

Un borde parejo, sin ondulaciones ni engrosamientos, indica control en el torno y también en la cocción, porque una pieza mal apoyada en el horno se deforma justo ahí. Las variaciones se sienten antes de verse.

3. El esmalte contra la luz

Se inclina la pieza hasta que la luz rebote en la superficie y se mira en ángulo.

Ahí aparece lo que de frente no se ve: burbujas, puntos secos donde el esmalte no cubrió, zonas donde corrió y se acumuló, marcas de los dedos de quien la sumergió. Algunas irregularidades son carácter y hasta son deseables. Otras son descuido. La diferencia se aprende mirando muchas piezas, no leyendo.

4. Encima o debajo del esmalte

Se pasa el dedo sobre el dibujo.

Si se siente el relieve, la decoración está aplicada sobre el esmalte, en una segunda cocción a menor temperatura. Se gasta con el uso y el lavado. Si la superficie es completamente lisa y el dibujo se lee a través del brillo, está debajo del esmalte, sellado. Dura siglos.

No es que una sea mala y la otra buena. Muchas técnicas de color solo son posibles sobre esmalte. Pero conviene saber qué se está comprando.

5. El dibujo donde se cierra

Todo motivo pintado a mano alrededor de una pieza tiene un punto donde el trazo empieza y termina, y esos dos extremos tienen que encontrarse.

Cómo se resuelve ese encuentro dice más sobre quién pintó la pieza que el resto del dibujo entero. Buscalo. Suele estar del lado que se apoya contra la pared.

6. El peso

Al levantarla, antes de mirar nada más.

Una pieza bien hecha pesa menos de lo que parece, porque la pared es pareja y no hay material de más en la base. Y se siente equilibrada: si el peso está mal repartido, la mano lo detecta al instante.

Un objeto que se siente pesado de un lado tiene la pared despareja, lo que suele indicar torneado apurado.

7. El sonido

Este es opcional y hay que pedir permiso, pero es revelador.

Un golpe muy suave con la uña en el borde de una pieza sana produce un sonido claro que se sostiene un momento. Una pieza con una fisura interna, aunque no se vea, suena apagada y corta. Es el mismo principio que una campana rajada.

Lo que ninguna de las siete responde

Si te gusta. Todo lo anterior sirve para no comprar mal, no para elegir bien.

Una pieza puede pasar las siete pruebas y no decirte nada. Y otra con un defecto evidente puede ser exactamente la que querés ver todos los días. La técnica se aprende. El criterio propio es el trabajo de años, y es el único que no se puede delegar.